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Relación auriculoventricular izquierda (AI:VI): utilización del tamaño del ventrículo izquierdo como referencia para identificar el remodelado de la aurícula izquierda

Relación auriculoventricular izquierda (AI:VI): utilización del tamaño del ventrículo izquierdo como referencia para identificar el remodelado de la aurícula izquierda
  • Título original: Left atrioventricular ratio (LA:LV): using left ventricular size as the reference for identifying maladaptive left atrial remodelling
  • Revista: European Heart Journal — Cardiovascular Imaging
  • Fecha publicación: Noviembre 2025
  • Enlace al trabajo: Visitar sitio
  • Calificación: Imperdible


👨🏻‍🎓 La opinión de García Fernández

La idea-faro

Medir sólo el volumen de la AI es quedarse a medias. Lo que realmente importa es cómo se relaciona con el ventrículo y su adaptación y, para esos estudiar la relación AI/VI podría ser la respuesta.

La aurícula izquierda es un potente marcador diagnóstico y pronóstico en casi cualquier escenario cardiovascular. La “aurícula grande” no siempre significa “aurícula enferma”, pensemos en el corredor de maratón con aurícula claramente dilatada. De aquí nace el concepto de dilatación fisiológica frente a patológica. Esta idea se nos queda corta si sólo miramos el tamaño auricular y no la relación íntima entre aurícula y ventrículo, es decir, el acoplamiento auriculoventricular. La aportación central del trabajo de Spencer et al. es analizar volumen máximo de la AI en relación con el volumen telediastólico del V; el índice AI:VI para separar lo patologico de lo fisiologico.

La hipótesis es elegante y muy clínica. En condiciones fisiológicas –incluido el deportista de resistencia– la aurícula puede estar aumentada, pero mantiene una proporción armónica con el VI. En cambio, cuando la AI se hace desproporcionadamente grande respecto al ventrículo, entramos en el territorio del remodelado mal adaptado (HFpEF, FA, valvulopatía significativa, etc.).

El cociente AI:VI se mueve en torno a 0,5 como valor típico de normalidad y nos empieza a señalar alarma cuando se sitúa por encima de 0,75. El detalle interesante es que, en los sujetos más entrenados la aurícula podria estar más dilatada pero el cociente AI:VI se mantiene estable o incluso algo menor.

El mensaje que nos deja este trabajó es claro y útil: medir sólo el volumen de la AI es quedarse a medias, lo que realmente importa es cómo se relaciona con el ventrículo. Quizá en los próximos años, cuando veamos una AI muy dilatada, la primera pregunta ya no será “¿cuántos mililitros por metro cuadrado?”, sino “¿qué AI:VI tiene este paciente y qué nos dice de su auténtico remodelado auricular?”


📒 Resumen del trabajo

La serie

Si nos fijamos sólo en los números, la historia que cuenta este trabajo es bastante clara. En primer lugar, el marco es muy sólido: casi 2.250 sujetos “fisiológicos”, entre ellos 411 atletas de resistencia, frente a unos 2.150 pacientes con disnea de causa claramente cardiovascular. En este grupo patológico se agrupan realidades muy habituales en nuestra consulta: un 44 % con cardiopatía isquémica, un 25 % con disfunción sistólica del VI, un 8 % con HFpEF y un 11 % con fibrilación auricular, además de valvulopatías significativas e hipertensión pulmonar. Es decir, la comparación no es entre “población idealizada” y pacientes raros, sino entre un abanico muy amplio de corazones normales y enfermos que vemos a diario.


Los datos

Cuando pasamos a los índices, la pieza central es el cociente AI:VI = LAVImax / LVEDV, la relación entre el volumen máximo de aurícula izquierda indexado y el volumen telediastólico del ventrículo izquierdo. La pregunta es: ¿en qué valores se mueve esta relación en gente sana? El trabajo responde con percentiles muy intuitivos: en la cohorte fisiológica, el valor típico cociente AI:VI ronda 0,5, mientras que el percentil 75 está alrededor de 0,60, el 90 en torno a 0,75, y los percentiles 95 y 97,5 se sitúan ya en valores de 0,85 y 0,95 o más.

En otras palabras: por encima de 0,75 entramos en un territorio que sólo pisa un 10 % de los sujetos fisiológicos. Cuando ese mismo índice se mira en la cohorte patológica, la distribución se desplaza hacia la derecha. El modo es parecido, pero aparece una cola larga de valores altos de cociente AI:VI, y esa cola está especialmente alimentada por los pacientes con HFpEF y fibrilación auricular, que son los que concentran los cocientes más desproporcionados.


La relación del índice con la capacidad funcional

El otro gran bloque de datos relaciona este índice con la capacidad funcional medida por VO₂ pico, dentro de la cohorte fisiológica que incluye a los atletas. El patrón es muy revelador: a medida que sube la forma física, aumentan tanto el AI como VI (corazones grandes, como era de esperar en deportistas bien entrenados), pero el cociente cociente AI:VI se mantiene bastante estable e incluso desciende ligeramente en los cuartiles de VO₂ más elevados.

Es decir, en los sujetos más entrenados hay muchas aurículas “grandes” en términos absolutos (pero siguen guardando una proporción razonable con el ventrículo. En cambio, cuando miramos quiénes superan el umbral de AI:VI ≥ 0,75, éstos se concentran en el cuartil con menor VO₂ pico, no en los atletas. La correlación numérica entre cociente AI:VI y VO₂ pico es inversa pero modesta (r ≈ -0,25, p < 0,001): suficiente para decir que “cuanto más desproporcionada la aurícula, peor capacidad funcional”, pero dejando claro que no es un predictor directo del rendimiento, sino un marcador de tipo de remodelado.

Finalmente, el trabajo insiste en un detalle técnico que también forma parte de los “datos importantes”: la recomendación de cuantificar el volumen auricular con ecocardiografía 3D siempre que sea posible, por su mejor correlación con la resonancia y por evitar el clásico “foreshortening” de la AI en 2D.


Relación auriculoventricular izquierda (AI:VI): utilización del tamaño del ventrículo izquierdo como referencia para identificar el remodelado de la aurícula izquierda



Ideas para llevarse a casa

Los autores proponen una lectura muy sencilla de los números: un cociente AI:VI alrededor de 0,5 encaja con un remodelado proporcional y probablemente fisiológico. Por el contrario, un cociente AI:VI ≥ 0,75 señala una aurícula desproporcionadamente grande respecto al ventrículo, típica de HFpEF y FA, y por tanto un remodelado claramente maladaptativo. Esa es, en esencia, la narrativa cuantitativa que deja el estudio: mismos volúmenes auriculares pueden significar cosas muy distintas según cómo se relacionen con el VI, y ese matiz lo capturan muy bien los datos del cociente AI:VI.