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Estado del arte en la imagen de deformación ecocardiográfica de la miocardiopatía arritmogénica

Estado del arte en la imagen de deformación ecocardiográfica de la miocardiopatía arritmogénica
  • Título original: State-of-the-Art in Echocardiographic Strain Imaging of Arrhythmogenic Cardiomyopathy
  • Revista: JASE
  • Fecha publicación: Noviembre 2025
  • Enlace al trabajo: Visitar sitio
  • Calificación: Cultura de imagen


👨🏻‍🎓 La opinión de García Fernández

La utilización del strain en la miocardiopatía arritmogénica es, en teoría, prometedora y ha generado gran interés en la literatura. Este artículo de Meredith et al. hace una revisión sobre el tema.

En mi opinión el articulo no es suficientemente crítico y de la lectura de los highligts se puede inferir algo que no es como es: su utilidad real en nuestra práctica diaria.

Efectivamente, la evidencia científica del uso de la deformación en el diagnóstico precoz y estratificación pronóstica en la miocardiopatía arritmogénica es todavía muy débil. Esto se debe a la falta de estandarización y datos prospectivos concluyentes.

Creo que la adopción generalizada del strain en esta patología debe ser cautelosa y siempre complementaria a otras modalidades diagnósticas como la resonancia magnética cardíaca y la evaluación genética. En la práctica, se debe diferenciar entre el potencial teórico y el respaldo adquirido en investigaciones científicas sólidas, evitando que se convierta en una moda clínica sin fundamentos sólidos... como ha pasado muy frecuentemente con el strain.


📒 Resumen del trabajo

Lo que aporta: fortalezas

  1. En primer lugar, el enfoque es claramente biventricular y clínico. El artículo abandona la vieja etiqueta de “enfermedad del ventrículo derecho” y se alinea con la visión moderna de una miocardiopatía arritmogénica que puede ser derecha, izquierda o biventricular, La combinación de strain la pared libre del ventrículo derecho y el strain global longitudinal izquierdo se presenta como superior a la fracción de eyección tradicional para detectar disfunción precoz y anticipar progresión y eventos arrítmicos. Es decir, el strain como “sensor fino” donde la FE sigue siendo una herramienta demasiado grosera.
  2. En segundo lugar, la revisión insiste en el valor pronóstico independiente del strain, como marcador funcional de riesgo arrítmico. Se subraya que la caída del strai de VD puede preceder a la aparición de arritmias ventriculares malignas, en línea con datos del registro PADUA y de series multicéntricas recientes. Aquí el mensaje es claro: no estamos solo ante una medida estética, sino ante una variable que puede cambiar decisiones de estratificación de riesgo.
  3. Tercer punto fuerte: la distinción entre miocardiopatía arritmogénica y corazón del atleta. La conservación del patrón apical del strain derecho y la homogeneidad segmentaria se proponen como “red de seguridad” para descartar miocardiopatía miocardiopatía arritmogénica en el contexto de adaptación atlética.


Lo que falta: puntos ciegos y debilidades

La revisión no es perfecta y deja varios aspectos mejorables.

  1. En primer lugar, es la heterogeneidad metodológica. Aunque los autores reconocen diferencias entre plataformas y software, el análisis critico de la falta de estandarización del strain del ventrículo derecho es muy ligera. Seguimos sin una verdadera armonización entre fabricantes, ni se profundiza en el papel de las herramientas no dependientes del equipo Este es, de nuevo y probablemente, uno de los mayores frenos para la traslación a la práctica clínica rutinaria.
  2. El segundo punto débil es el escaso peso cuantitativo. El trabajo tiene más tono narrativo que sistemático: se echa en falta una síntesis numérica más rigurosa (valores umbral patológicos, sensibilidad/especificidad, curvas ROC, etc.) y una comparación estadística más robusta frente a la resonancia. Esto limita la posibilidad de transformar la revisión en algoritmos concretos de uso diario.
  3. En tercer lugar, el pronóstico longitudinal aparece, pero de forma incompleta. Se menciona la utilidad pronóstica del strain, pero habría sido deseable una discusión más sólida sobre la evolución temporal de la deformación: cómo cambia con la progresión fenotípica, con la implantación de desfibriladores, con la restricción de ejercicio o con el seguimiento de portadores de mutación sin fenotipo establecido.


¿Por qué merece la pena leerlo?

Pese a estas limitaciones, el valor global del artículo es alto. Actualiza con precisión el papel del strain como biomarcador de diagnóstico precoz y de riesgo arrítmico en la miocardiopatía arritmogénica y nos ayuda a cambiar el eje mental: pasamos de fijarnos sobre todo en la forma (morfología, volúmenes, FE) a priorizar la disfunción funcional subclínica como núcleo del diagnóstico.

Para el laboratorio de imagen es una lectura casi obligada. Sin embargo, si queremos llevar estos conceptos a guías, protocolos y decisiones diarias, será necesario complementarlo con meta-análisis recientes y documentos de consenso técnicos, en especial los de la EACVI sobre strain y sobre estandarización de la medida.

En resumen, una revisión que ilumina el camino, nos recuerda el enorme potencial del strain biventricular y, al mismo tiempo, nos advierte de que todavía estamos a medio camino en la estandarización, la cuantificación y la integración multimodal. Ahí es donde tendremos que seguir trabajando.