Aparece, sobre todo, en pacientes con enfermedad valvular, pero se puede ver en prácticamente todas las patologías cardiacas. De hecho, es un marcador de cronicidad, de severidad y de peor pronóstico en casi todos los pacientes.
En los pacientes con fibrilación auricular, las aurículas “enloquecen” y producen un gran número de pequeñas descargas eléctricas (entre 500 y 600) por minuto, muy desorganizadas, que en el ECG aparecen como múltiples ondas pequeñas e irregulares, denominadas “ondas f”. Estas pequeñas descargas eléctricas “anulan” al nodo sinusal, y por eso no existen ondas P. Las múltiples e irregulares descargas eléctricas tratan de pasar a través del nodo AV para llegar hasta los ventrículos y originar complejos QRS, pero el nodo actúa de barrera, por lo que, sólo de vez en cuando, para una y se produce un complejo QRS. Por eso, aunque las ondas f vayan a una frecuencia de 500 a 600 por minuto, los QRS no van a esta frecuencia tan rápida, sino más lentamente. Como el NAV deja pasar ondas f de una forma arbitraria, los QRS guardan una distancia entre ellos totalmente irregular y anárquica (Figura 16).
En resumen, la fibrilación auricular se identifica en el ECG porque no hay ondas P y porque el ritmo de los QRS es totalmente irregular, con una distancia entre ellos variable.

Figura 16. Registro ECG de un paciente en fibrilación auricular. No hay onda P identificable (si vemos una onda pequeña que va detrás del QRS, es la onda T) y el trazado es muy irregular.
La fibrilación auricular crea problemas para los estudios de cardio TC y cardio RMN. Como la frecuencia cardiaca varía latido a latido, el movimiento cardiaco es diferente en cada ciclo cardiaco y el corazón nunca se encuentra exactamente en la misma posición. El resultado es la aparición de artefactos de movimiento que pueden llegar a invalidar el estudio. Los artefactos son más marcados cuanto mayor sea la frecuencia cardiaca media y cuanto más irregular sea el ritmo del paciente.

