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Lo mejor de la literatura en Ecocardiografía Clínica
Marcelo Pecorari Navarrete
Alicante, España.
Antecedentes
Introducción al problema clínico
La muerte súbita cardíaca (MSC) en deportistas jóvenes representa una tragedia clínica de alto impacto emocional, social y mediático. Aunque infrecuente, su aparición en sujetos aparentemente sanos durante el ejercicio físico despierta inquietudes en la comunidad médica y deportiva. La MSC se define como una muerte inesperada de origen cardiovascular, que ocurre en la primera hora desde el inicio de los síntomas, generalmente durante o inmediatamente después de la actividad física.
En la población deportista joven, la MSC está asociada a patologías cardíacas estructurales o eléctricas, muchas de ellas asintomáticas y de difícil detección sin herramientas de imagen específicas. Esto contrasta con la población general, donde las causas isquémicas predominan en mayores de 35 años. Por tanto, en atletas jóvenes, la identificación precoz de estas enfermedades constituye un objetivo clave en la medicina deportiva y preventiva.
Epidemiología y magnitud del problema
La incidencia estimada de MSC en deportistas oscila entre 1:50.000 y 1:80.000 atletas/año. Sin embargo, estas cifras varían en función del diseño de los estudios, los criterios diagnósticos y la calidad de los sistemas de registro. La verdadera carga puede estar subestimada, especialmente en regiones sin vigilancia sistematizada.
- Estados Unidos: Harmon et al. (2011) estimaron una incidencia de 1 caso por cada 43.000 atletas universitarios al año, siendo la miocardiopatía hipertrófica la causa más frecuente. (2)
- Italia: el modelo del Véneto, que incorpora ECG obligatorio desde 1982, ha mostrado una reducción significativa de la MSC: de 3.6 a 0.4 por 100.000 atletas/año.
- España: estudios multicéntricos no homogéneos sitúan la incidencia entre 1:60.000 y 1:70.000, aunque existe escasez de registros nacionales consolidados.
- Argentina: datos del Ministerio de Salud y reportes periodísticos estiman entre 60 y 80 muertes súbitas anuales vinculadas a la práctica deportiva, con predominancia de adultos jóvenes sin diagnóstico previo.
En todos los casos, la MSC en deportistas suele estar relacionada con miocardiopatías, anomalías congénitas, canalopatías o enfermedades valvulares no diagnosticadas.
Etiología |
Frecuencia estimada (%) |
| Miocardiopatía hipertrófica | 30–40% |
| Displasia arritmogénica VD | 10–15% |
| Miocarditis | 5–10% |
| Anomalías coronarias congénitas | 10% |
| Canalopatías (QT largo, Brugada) | 5–10% |
| Válvula aórtica bicúspide | <5% |
| Otros | 10–20% |
Tabla 1. Principales causas de muerte súbita en deportistas jóvenes(16).
Limitaciones del cribado preparticipativo tradicional
El cribado preparticipativo busca identificar patologías cardiovasculares que puedan desencadenar MSC durante el ejercicio. Las guías americanas (AHA, ACC) y europeas (ESC) recomiendan una evaluación inicial que incluye:
- Historia clínica personal y familiar
- Exploración física
- ECG en reposo (opcional en EE.UU., obligatorio en muchos países europeos)
- En algunos casos, prueba de esfuerzo
Sin embargo, múltiples estudios han demostrado que, para la detección de anomalías estructurales como cardiopatías congénitas, valvulopatías o displasias ventriculares, es importante la realización del Ecocardiograma.
Algunas limitaciones comunes de los estudios anteriores incluyen:
- Subjetividad en la interpretación del ECG del atleta
- Alta tasa de falsos positivos (en especial con ECG)
- Ausencia de evaluación anatómica directa del corazón
- Falta de homogeneidad en la implementación de los protocolos
Esto conlleva un riesgo significativo de declarar como “aptos” a individuos con patologías cardíacas potencialmente letales.
Rol de la ecocardiografía en el cribado
La ecocardiografía transtorácica (ETT) es una herramienta no invasiva, ampliamente disponible, que permite evaluar la anatomía y función cardíaca en tiempo real. Su uso en medicina deportiva ha demostrado utilidad en:
- Detección de miocardiopatías
- Visualización de válvulas anormales
- Medición de diámetros de cavidades y raíz aórtica
- Evaluación de la contractilidad global y regional
Además, técnicas como el strain longitudinal global (GLS) y la ecocardiografía tridimensional mejoran la capacidad diagnóstica en fases subclínicas.
Entre las patologías que pueden ser detectadas precozmente por ecocardiografía se encuentran:
- Miocardiopatía no compactada
- Válvula aórtica bicúspide
- Prolapso de válvula mitral
- Foramen oval permeable (PFO)
- Hipertrofia ventricular asimétrica

Figura 1. Flujograma comparativo: cribado tradicional vs. cribado con ecocardiografía.
Patología |
Casos detectados |
% sobre n=339 |
| Prolapso de válvula mitral | 9 | 2.7% |
| PFO | 8 | 2.4% |
| Válvula aórtica bicúspide | 5 | 1.5% |
| Dilatación de raíz aórtica | 3 | 0.9% |
| Miocardiopatía no compactada | 2 | 0.6% |
| Comunicación interauricular | 1 | 0.3% |
| Otros hallazgos menores | 3 | 0.9% |
Tabla 2. Tipos de anomalías estructurales detectadas exclusivamente por ecocardiografía (Donati et al., 2023)(1).
Evidencia científica previa
Estudios pioneros como los de Corrado et al. y Pelliccia et al. en Europa demostraron que el cribado sistemático, incluyendo ECG y ecocardiografía, reduce significativamente la incidencia de MSC. No obstante, el debate sobre la relación costo-beneficio ha limitado su implementación universal.(3)
Las guías ESC 2020 recomiendan considerar la ETT en casos con síntomas, antecedentes familiares o hallazgos dudosos en el ECG. Sin embargo, estudios como el de Donati et al. (2023) refuerzan la hipótesis de que la ETT sistemática puede aumentar la seguridad del cribado, incluso en deportistas asintomáticos.(1)
Justificación clínica y propuesta integradora
Incluir la ecocardiografía como parte del cribado preparticipativo ofrece:
- Mayor sensibilidad diagnóstica
- Identificación de patologías estructurales silenciosas
- Oportunidad de intervención precoz
- Reducción potencial de la incidencia de MSC
El reto es balancear la eficiencia diagnóstica con la viabilidad logística y económica. Iniciativas escalonadas (cribado dirigido, algoritmos por riesgo, uso de ecocardiógrafos portátiles) pueden representar soluciones efectivas en contextos de recursos limitados.
La actividad física intensa, si bien promueve beneficios cardiovasculares, puede también actuar como un desencadenante en individuos con enfermedades cardíacas no diagnosticadas, aumentando el riesgo de muerte súbita. Este hecho refuerza la necesidad de un cribado preparticipativo riguroso.(19)
Los criterios de Seattle han demostrado ser más específicos que otras recomendaciones previas en la interpretación del ECG en atletas, ayudando a reducir los falsos positivos sin comprometer la sensibilidad diagnóstica.(12)
La elegibilidad deportiva en presencia de cardiopatías ha sido abordada en guías internacionales, que establecen criterios claros sobre cuándo un deportista puede competir y en qué condiciones específicas. Estas directrices permiten tomar decisiones clínicas que equilibran la seguridad del paciente con su deseo de participar en la actividad física.(10)
Las guías más recientes en cardio-oncología han reforzado la utilidad de las técnicas de imagen avanzada como el strain y la ecocardiografía tridimensional, ampliando su uso más allá del seguimiento oncológico hacia el ámbito preventivo en poblaciones aparentemente sanas.(6)
Estudios como el de Malhotra et al. han demostrado la efectividad del cribado cardiovascular en futbolistas adolescentes, con implicancias directas en la práctica clínica actual.(7)
El análisis de deformación miocárdica mediante strain longitudinal global ha probado ser una herramienta sensible para la detección de disfunción ventricular subclínica incluso en pacientes sin síntomas.(8)
Los criterios internacionales actualizados han permitido mejorar la especificidad en la interpretación del ECG del atleta, reduciendo falsos positivos en poblaciones deportivas.(9)
Se ha demostrado que la presencia de cicatriz miocárdica no isquémica puede representar un sustrato para arritmias ventriculares malignas en atletas, subrayando la importancia de técnicas de imagen sensibles.(11)
Declaraciones de consenso como la de la AHA subrayan la importancia de personalizar la elegibilidad deportiva en función del tipo de cardiopatía detectada y el perfil del deportista.(14)
El análisis comparativo entre atletas de distintas etnias ha evidenciado diferencias significativas en la interpretación del ECG, lo que debe considerarse para reducir errores diagnósticos.(15)
El remodelado del ventrículo derecho inducido por ejercicio intenso puede confundirse con patologías estructurales, haciendo esencial la experiencia en ecocardiografía del deporte.(17)
Datos del Reino Unido confirman que una parte sustancial de las muertes súbitas en el deporte se deben a anomalías estructurales subdiagnosticadas, reforzando la necesidad del cribado con ecografía.(18)
Este estudio retrospectivo, desarrollado por Donati et al. en Italia, evaluó el impacto de la ecocardiografía como parte del cribado preparticipativo en personas activas y deportistas aparentemente sanos. El objetivo fue determinar si la inclusión sistemática del ecocardiograma añadía valor diagnóstico frente al protocolo convencional.(1)
Objetivo
Determinar la eficacia diagnóstica de la ecocardiografía en el cribado preparticipativo de personas físicamente activas, comparada con un protocolo tradicional basado en anamnesis, exploración física, ECG y prueba de esfuerzo.
Metodología
- Diseño: Estudio observacional retrospectivo.
- Población: 500 personas seleccionadas de una cohorte mayor de 7500 participantes del programa “Formula Benessere”, con edad media de 34 años y 84% varones.
- Comparación: Cribado estándar (historia + exploración + ECG + esfuerzo) frente a cribado avanzado (incluye ecocardiografía transtorácica).
- Criterios de inclusión: Individuos sin antecedentes cardiovasculares conocidos y sin hallazgos anormales en la evaluación estándar.
- Criterio principal de valoración: Hallazgos estructurales anormales detectados exclusivamente por ecocardiografía.
Resultados clave
- De los 339 participantes con cribado estándar normal, 31 sujetos (9.1%) presentaron hallazgos ecocardiográficos anormales.
- Las anomalías más frecuentes incluyeron:
- Prolapso de válvula mitral (2.7%)
- PFO (2.4%)
- VAB (1.5%)
- Dilatación de raíz aórtica, miocardiopatía no compactada y otras menos prevalentes.
- Ninguno de los hallazgos fue anticipado por el cribado convencional.
- En algunos casos, los hallazgos supusieron restricción temporal o permanente para la práctica deportiva competitiva, o necesidad de seguimiento cardiológico estrecho.
Implicaciones clínicas
- La ecocardiografía aportó información diagnóstica clave en 1 de cada 11 personas consideradas aptas según el protocolo estándar.
- El uso sistemático de ecocardiografía en el cribado preparticipativo permitiría la detección precoz de patologías estructurales cardíacas silenciosas.
- El estudio refuerza la necesidad de revisar los algoritmos actuales de evaluación cardiovascular en el deporte, especialmente en entornos con acceso a tecnología de imagen.

Figura 2. Detección de anomalías cardíacas según el método diagnóstico empleado.
Este gráfico compara de manera visual la capacidad relativa de tres métodos diagnósticos —ECG, ergometría y ecocardiograma— para detectar una serie de patologías cardíacas relacionadas con muerte súbita en deportistas. Se observa que el ecocardiograma permite identificar con mayor frecuencia enfermedades estructurales como la miocardiopatía hipertrófica, la válvula aórtica bicúspide o la displasia del ventrículo derecho. En contraste, el ECG y la ergometría son útiles sobre todo en canalopatías o arritmias inducidas por el esfuerzo, pero su rendimiento es claramente inferior en anomalías estructurales.(16)
Estas diferencias refuerzan el argumento clínico de incorporar el ecocardiograma en el cribado preparticipativo, incluso en individuos asintomáticos con antecedentes familiares negativos. Además, el ecocardiograma tiene la ventaja de ser una prueba no invasiva, de fácil acceso en la mayoría de los entornos clínicos, y con una curva de aprendizaje razonable en manos entrenadas.
La utilización de este tipo de representaciones gráficas aporta una dimensión pedagógica al análisis clínico, facilitando la comprensión de cómo cada herramienta complementa a las demás y mostrando de forma intuitiva sus fortalezas y limitaciones. Es importante destacar que, aunque el ecocardiograma no reemplaza al ECG ni a la historia clínica detallada, sí actúa como un filtro adicional de gran valor, particularmente en atletas de alto rendimiento, pacientes con hallazgos limítrofes, o en aquellos con sintomatología inespecífica como presíncope, palpitaciones o disnea no explicada.
En este contexto, se plantea la necesidad de avanzar hacia estrategias de cribado progresivo, donde el ecocardiograma se incorpore como segunda línea en protocolos escalonados o como parte del cribado básico en disciplinas con alta demanda cardiovascular (maratón, ciclismo, triatlón, deportes de combate, etc.). La literatura reciente también apunta al valor de nuevas técnicas de imagen como la ecocardiografía tridimensional y el análisis de strain, que permitirían detectar disfunciones subclínicas antes de que se manifieste una caída de la fracción de eyección.
La evidencia disponible, incluida la aportada por Donati et al., sugiere que la implementación del ecocardiograma dentro del cribado preparticipativo no solo aumenta la sensibilidad del proceso diagnóstico, sino que puede ser una herramienta clave en la prevención efectiva de eventos catastróficos en jóvenes deportistas.(1)
Resumen del trabajo elegido
Imaginemos que estamos en una sesión clínica habitual del servicio. Se nos presenta un deportista joven, sin antecedentes personales ni familiares de enfermedad cardiovascular, que desea obtener el certificado de aptitud para competir en una carrera de media distancia. Ha pasado su entrevista médica, el examen físico no muestra hallazgos relevantes, y el ECG es normal. Según los protocolos tradicionales de cribado preparticipativo, este paciente sería considerado apto. Pero, ¿es eso suficiente?
El estudio de Donati y colaboradores, publicado en 2023, cuestiona precisamente esta lógica. En un enfoque pragmático y con una muestra bien definida de más de 300 personas físicamente activas, los autores evalúan el papel de la ecocardiografía como herramienta adicional en la evaluación precompetitiva. No se trata de un ensayo con complejos biomarcadores ni de una revisión teórica: es un trabajo clínico que podría extrapolarse perfectamente a nuestra práctica cotidiana.(1)
Lo interesante del estudio no es sólo la metodología, que fue retrospectiva y sencilla, sino sus hallazgos. Al añadir un ecocardiograma a la batería diagnóstica convencional, encontraron que aproximadamente un 9% de los sujetos considerados previamente aptos presentaban anomalías cardíacas relevantes. No hablamos de hallazgos menores o irrelevantes, sino de alteraciones con potencial implicancia pronóstica como prolapso de válvula mitral, foramen oval permeable, válvula aórtica bicúspide o incluso miocardiopatía no compactada. La gran mayoría eran desconocidas y no hubieran sido detectadas sin el estudio ecocardiográfico.
Uno podría preguntarse: ¿es esta una cohorte seleccionada? No. Se trataba de individuos voluntarios dentro de un programa de bienestar corporativo en Italia, sin síntomas ni antecedentes preocupantes. Precisamente eso hace que el hallazgo sea más llamativo: personas sanas, deportistas recreacionales o amateur, considerados de bajo riesgo, con cardiopatías estructurales relevantes que pasaron desapercibidas en el cribado estándar.

Figura 3. Distribución de anomalías estructurales detectadas por ecocardiografía (n=31) (Gráfico de pastel mostrando la proporción relativa de cada hallazgo. Prolapso mitral y PFO predominan.).
Esta representación gráfica ayuda a dimensionar la diversidad de patologías detectadas en una población sin sospecha clínica aparente. La ecocardiografía no solo identifica enfermedades comunes como el prolapso mitral, sino también otras menos frecuentes, pero no menos importantes como la miocardiopatía no compactada, cuyo diagnóstico precoz puede marcar la diferencia en la evolución clínica.
Además, la inclusión de la ecocardiografía no sólo permitió detectar anomalías, sino que también modificó la conducta médica. En algunos casos, los hallazgos derivaron en estudios complementarios, consulta con cardiología especializada, o en la indicación de medidas preventivas. Este es un punto clave: no se trata de sobrediagnóstico, sino de diagnóstico precoz y clínicamente relevante.
Una de las contribuciones implícitas del estudio es destacar que el valor de la ecocardiografía no está solamente en el número de diagnósticos realizados, sino en su capacidad de cambiar decisiones. En medicina preventiva, la capacidad de tomar decisiones proactivas y reducir el riesgo futuro es uno de los mayores logros posibles.
Desde el punto de vista metodológico, el diseño retrospectivo limita algunas conclusiones, pero la fortaleza radica en su coherencia interna y en la relevancia clínica directa de los resultados. No intenta responder a todo, pero plantea una pregunta muy concreta con una respuesta sólida: ¿Añade valor la ecocardiografía al cribado tradicional? Sí, y de forma significativa.
Este hallazgo resulta aún más relevante en el contexto actual, donde existe una tendencia creciente a promover el ejercicio físico a cualquier edad. Muchos deportistas aficionados participan hoy en competiciones extenuantes sin una valoración médica completa. El estudio demuestra que incluso en estos casos, el cribado puede estar incompleto si no se contempla una evaluación estructural del corazón.
En resumen, este trabajo nos obliga a revisar nuestras prácticas. Tal vez no podamos incluir un ecocardiograma en todos los chequeos precompetitivos, pero sí deberíamos considerar seriamente su uso en deportistas de mediano y alto nivel, en aquellos con ambiciones competitivas, o en casos donde los métodos tradicionales no ofrecen una evaluación suficientemente completa.
El estudio de Donati et al. no sólo es una llamada de atención, sino también una guía práctica hacia un cribado más seguro, más sensible y, sobre todo, más humano. Porque prevenir una muerte súbita no es sólo evitar una estadística: es preservar una vida joven que pudo haber sido salvada con una herramienta que ya tenemos a nuestro alcance.(1)
Discusión
Además de los aspectos ya abordados, la discusión puede enriquecerse con una reflexión sobre el impacto institucional y formativo de incorporar el ecocardiograma en protocolos sistemáticos. Para que esta herramienta tenga una implementación realista y eficaz, no basta con el acceso al equipo: se requiere un marco organizativo que contemple tiempos, flujos, formación y registros adecuados. Instituciones deportivas, federaciones, servicios de cardiología y entidades gubernamentales deben colaborar para establecer marcos legales y financieros que respalden estas evaluaciones.
Un ejemplo posible es la estandarización de protocolos con base en escalas de riesgo personalizadas, donde el ecocardiograma forme parte del cribado básico en atletas de alto nivel competitivo, o en aquellos con múltiples factores de riesgo, como hipertrofia observada en el ECG, antecedentes familiares inciertos o síntomas vagos de esfuerzo. Este enfoque permitiría una utilización más eficiente de los recursos sin caer en la sobremedicalización.
En términos de investigación, una línea futura particularmente interesante sería estudiar el valor pronóstico de cada una de las alteraciones estructurales detectadas en el estudio de Donati et al. Por ejemplo, ¿cuántos de los sujetos con prolapso mitral o con PFO desarrollarán en el futuro eventos clínicamente significativos? Esta información permitiría estratificar aún mejor el riesgo y refinar las decisiones clínicas tras un hallazgo positivo.(1)
También es necesario considerar el componente emocional y psicológico en los deportistas. Saber que una herramienta como la ecocardiografía puede brindar una “luz verde” con mayor certeza no solo tranquiliza al médico, sino también al propio paciente, a sus entrenadores, familiares y entorno deportivo. En muchas disciplinas de riesgo (como el ciclismo, el triatlón o los deportes de contacto), esta tranquilidad es un factor no menor para el rendimiento y la adherencia a la actividad.
Otra dimensión complementaria es la inclusión del ecocardiograma como herramienta de docencia. Su uso rutinario en contextos clínicos y deportivos permite enseñar a los residentes y jóvenes cardiólogos no solo la técnica ecográfica, sino también la valoración estructural adaptada al deporte. Identificar una raíz aórtica borderline o una hipertrofia concéntrica con patrón atlético requiere criterio, experiencia y formación específica, que pueden y deben fortalecerse desde la práctica cotidiana.
En cuanto a políticas de salud, este tipo de estudios debería motivar a las sociedades científicas a establecer programas piloto de cribado en centros deportivos de alto rendimiento o universidades con perfil competitivo. Estos programas podrían funcionar como laboratorios clínicos donde integrar datos, evaluar impacto real y, a futuro, demostrar costo-efectividad con series locales. De ese modo, no se trataría solo de replicar lo hecho en Italia, sino de generar evidencia adaptada a la realidad socioeconómica de cada país.
Por otro lado, desde una perspectiva bioética, hay que reconocer el valor moral de hacer lo posible por prevenir una muerte evitable. Aunque el cribado perfecto no existe, negarse a incorporar una herramienta con eficacia demostrada puede constituir una omisión grave, especialmente si está al alcance técnico e institucional. En este sentido, la ecocardiografía no es solo un examen más, sino una forma concreta de ejercer una medicina preventiva proactiva.
También es crucial no perder de vista los posibles efectos secundarios o dilemas que surgen con un cribado más sensible. Detectar anomalías de significado incierto, que no contraindicaban formalmente el deporte pero generan inquietud, puede llevar a restricciones innecesarias, ansiedad o incluso abandono del deporte. Por ello, debe haber claridad en los protocolos de interpretación y derivación, y se debe trabajar en equipo multidisciplinar para resolver cada caso con base en la mejor evidencia disponible.
Finalmente, cabe mencionar que el impacto del uso sistemático de la ecocardiografía en deportistas va más allá de la prevención de eventos. La identificación de cardiopatías estructurales silenciosas permite iniciar estrategias terapéuticas antes de que se manifieste la enfermedad clínica. De ese modo, se abre la puerta a un manejo precoz que puede incluir medidas farmacológicas, recomendaciones deportivas personalizadas, vigilancia evolutiva o incluso cirugía programada, como en casos de dilatación aórtica con criterios borderline.
En conjunto, lo que revela la discusión de este estudio no es solo la superioridad de una técnica diagnóstica, sino una oportunidad para redefinir nuestro enfoque hacia el cuidado cardiovascular del deportista. El ecocardiograma no es únicamente una herramienta de imagen: es un puente entre el diagnóstico, la prevención, la educación, la ética clínica y la excelencia asistencial. La responsabilidad de adoptarlo con criterio y visión es, por tanto, compartida entre clínicos, instituciones y sistemas de salud.
El estudio realizado por Donati et al. nos ofrece un punto de partida excelente para reflexionar sobre los límites y alcances del cribado cardiovascular en el deportista. Los resultados presentados, con una tasa de hallazgos relevantes de 9.1% en una población que ya había sido considerada “normal” por métodos tradicionales, no solo aportan evidencia, sino que desafían las prácticas convencionales ampliamente extendidas en la medicina del deporte.(1)
Uno de los puntos más destacables es cómo este trabajo revela de forma contundente las limitaciones del cribado basado exclusivamente en historia clínica, examen físico, ECG y prueba de esfuerzo. Estos métodos, aunque útiles y bien establecidos, muestran una sensibilidad limitada para detectar cardiopatías estructurales. Lo que la ecocardiografía aporta es una mirada directa y anatómica al corazón, que permite ir más allá de las señales indirectas y ofrecer una evaluación concreta de la estructura y función cardíaca. En ese sentido, complementa y no reemplaza al resto del protocolo.
En la discusión también debemos considerar el concepto de coste-efectividad. Incluir sistemáticamente un ecocardiograma puede parecer inicialmente una estrategia costosa, especialmente si pensamos en grandes volúmenes de población. Sin embargo, el análisis cambia si lo evaluamos en función de vidas salvadas o muertes súbitas evitadas. La muerte de un solo joven deportista genera no solo una pérdida irreparable, sino también una importante repercusión social y mediática, con implicancias legales y emocionales para los equipos médicos y las instituciones involucradas.
Desde el punto de vista epidemiológico, esta discusión no se limita a deportistas profesionales. El creciente número de personas que participan en carreras populares, triatlones, torneos amateurs o rutinas de entrenamiento exigentes, exige una actualización de los protocolos de seguridad. La medicina del deporte ya no puede centrarse exclusivamente en la élite: la prevención debe ampliarse a toda la población físicamente activa, incluyendo aquellos que, por edad o perfil clínico, nunca han sido considerados de alto riesgo.
La experiencia acumulada por grupos europeos, como el del Véneto, ha demostrado que un cribado cardiovascular bien estructurado y sostenido en el tiempo reduce la incidencia de muerte súbita. Si ese impacto fue posible con ECG, es razonable pensar que con ecocardiografía se pueda avanzar aún más. Especialmente ahora que existen equipos portátiles de alta resolución, análisis automatizado de strain, y tecnología 3D disponible en muchos centros.
También debemos abordar una debilidad importante: la dependencia del operador. La calidad diagnóstica del ecocardiograma está directamente relacionada con la experiencia del profesional que lo realiza. Por eso, si se busca implementar esta técnica de manera sistemática, es imprescindible avanzar en la formación estandarizada en imagen cardiovascular, no solo para cardiólogos, sino también para médicos del deporte, médicos de familia y profesionales de atención primaria.
Otro aspecto fundamental de este debate es la necesidad de guías clínicas actualizadas. Mientras que las guías europeas mencionan el ecocardiograma como herramienta opcional o de segunda línea, la evidencia disponible, incluida la de Donati et al., sugiere que esta herramienta debe tener un lugar más prominente. No se trata de universalizar el uso de la ecografía sin criterio, sino de establecer algoritmos progresivos: por ejemplo, incluirla en deportistas con entrenamiento de alta carga, con ECG dudoso, o en quienes inicien actividad competitiva tras los 30 años.(1)
La discusión tampoco puede eludir la cuestión de la falsa seguridad. Declarar a un atleta como “apto” sin una evaluación estructural puede generar una falsa sensación de invulnerabilidad. Si el objetivo del cribado es reducir la incidencia de eventos trágicos, debemos ser honestos con las limitaciones del enfoque actual. Incorporar el ecocardiograma permite reducir esa brecha de incertidumbre diagnóstica.
Por último, este estudio plantea preguntas que aún no tienen respuesta, pero que abren líneas de investigación futuras. ¿Qué impacto tendría repetir el ecocardiograma cada 3 o 5 años en deportistas activos? ¿Podemos utilizar inteligencia artificial para automatizar la detección de patrones anormales? ¿Es posible crear escalas de riesgo basadas en hallazgos ecográficos tempranos?
En síntesis, la discusión en torno a la utilidad de la ecocardiografía en el cribado preparticipativo no es teórica: es una cuestión de práctica clínica, de responsabilidad profesional y, en muchos casos, de vida o muerte. Lo que el estudio de Donati et al. nos muestra es que tenemos una herramienta eficaz, accesible y con impacto real. El desafío ahora es adoptarla de forma inteligente, progresiva y basada en evidencia.(1)
Conclusión
Un cribado preparticipativo que incluya la ecocardiografía permite detectar anomalías estructurales ocultas con potencial riesgo de muerte súbita. Incorporar esta herramienta en la evaluación de deportistas, incluso asintomáticos, no solo optimiza la precisión diagnóstica, sino que representa una estrategia concreta y eficaz para salvar vidas.
Abreviaturas
- ECG: electrocardiograma
- FEVI: fracción de eyección del ventrículo izquierdo
- PFO: foramen oval permeable
- VAB: válvula aórtica bicúspide
- MSC: muerte súbita cardíaca
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