El creciente número de pacientes oncológicos que sobreviven a largo plazo ha puesto de manifiesto una nueva amenaza: la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer. Detectar a tiempo la disfunción cardíaca subclínica se ha convertido en una necesidad urgente en cardio-oncología. Este trabajo explora una aproximación innovadora que podría cambiar el modo en que identificamos la cardiotoxicidad en sus fases más tempranas, mucho antes de que se manifieste clínicamente. Una herramienta basada en imagen que va más allá de los parámetros tradicionales y que podría redefinir la forma en que protegemos el corazón de los pacientes con cáncer.
Revista original
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Lo mejor de la literatura en Cardio-Onco-Hematología
Cristhian Humberto Aristizábal Duque
Valladolid, España.
Antecedentes
Los avances significativos y sostenidos en las estrategias terapéuticas dirigidas contra el cáncer han logrado mejorar de manera consistente la tasa de supervivencia de los pacientes oncológicos, permitiéndoles así disfrutar de una mayor esperanza y calidad de vida. No obstante, este progreso en el tratamiento del cáncer ha venido acompañado de un incremento considerable en la aparición de efectos adversos asociados a las diversas modalidades terapéuticas empleadas, entre los cuales destacan especialmente las complicaciones cardiovasculares. Dentro de este conjunto de afecciones, la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer (CTRCD, por sus siglas en inglés) ha adquirido una gran importancia clínica, ya que no solo puede llegar a limitar la continuidad y la eficacia del tratamiento oncológico, sino que también representa un factor de riesgo significativo y preocupante para el deterioro progresivo de la salud cardiovascular de los pacientes. La presencia de cardiotoxicidad puede comprometer de forma grave la calidad de vida de los sobrevivientes de cáncer, aumentando notablemente la morbilidad asociada y, en determinados casos, afectando de manera negativa su pronóstico general a largo plazo(1).
Entre las múltiples y variadas reacciones adversas derivadas de los tratamientos oncológicos modernos, las complicaciones cardiovasculares han adquirido una relevancia creciente y una atención cada vez mayor en el ámbito clínico, siendo la disfunción ventricular izquierda (DVI), la insuficiencia cardíaca y las alteraciones en la contractilidad miocárdica algunas de las manifestaciones más frecuentes y significativas que se observan en estos pacientes(2). La cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer puede clasificarse de manera general en dos grandes categorías: aquella relacionada con daño estructural irreversible, como ocurre con la inducida por las antraciclinas, y aquella correspondiente a una disfunción potencialmente reversible, que puede ser causada por agentes terapéuticos como los inhibidores de HER2 o los inhibidores de tirosina quinasa(3). La detección precoz y oportuna de estos efectos adversos resulta fundamental y crítica para la implementación eficaz de estrategias de cardioprotección, así como para prevenir y evitar la progresión hacia una insuficiencia cardíaca clínica establecida.
Para evaluar de manera adecuada la función cardíaca en estos pacientes oncológicos, la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) ha sido, históricamente, el parámetro de referencia más utilizado y aceptado en la práctica clínica. Si bien el MW ha mostrado resultados prometedores y alentadores en la identificación precoz de la cardiotoxicidad. No obstante, su utilidad para la detección temprana y oportuna de la disfunción miocárdica es relativamente limitada, ya que este parámetro tiende a mantenerse dentro de los rangos normales hasta que el daño estructural al miocardio es ya considerable y, en muchos casos, irreversible(4). Ante esta problemática clínica y diagnóstica, se ha propuesto el uso del trabajo miocárdico (MW, por sus siglas en inglés) como una alternativa más precisa, avanzada y sensible para la evaluación integral de la función ventricular. Esta innovadora metodología, que combina e integra la medición de la deformación miocárdica con la carga hemodinámica, permite identificar alteraciones funcionales en etapas considerablemente más tempranas, incluso antes de que se manifiesten cambios evidentes o significativos en la FEVI(5).
El MW es una técnica avanzada derivada de la ecocardiografía basada en speckle-tracking que incorpora información complementaria sobre la presión arterial sistólica para estimar de manera más precisa el esfuerzo mecánico ejercido por el miocardio durante el ciclo cardíaco. A diferencia del strain longitudinal global (GLS, por sus siglas en inglés), que si bien ha demostrado ser una herramienta útil y sensible para la detección temprana de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer puede verse influenciado por cambios en la poscarga, el MW ofrece una evaluación más robusta, completa y confiable de la función miocárdica. Esto se debe a que considera activamente la carga hemodinámica del paciente y proporciona parámetros cuantificables como el índice global de trabajo (GWI, por sus siglas en inglés) y el trabajo constructivo global (GCW, por sus siglas en inglés), entre otros indicadores funcionales relevantes(6). Se ha descrito que la reducción temprana en estos parámetros puede preceder tanto a la disminución del GLS como a la caída de la FEVI, lo cual posiciona al MW como un biomarcador novedoso y muy prometedor para la monitorización continua de la toxicidad cardíaca inducida por tratamientos oncológicos(7).
El impacto de la cardiotoxicidad es particularmente relevante y preocupante en los pacientes que tienen antecedentes de enfermedad cardiovascular preexistente o presentan factores de riesgo conocidos como hipertensión arterial, diabetes mellitus o dislipidemia. En estos casos específicos, la toxicidad cardíaca inducida por los tratamientos oncológicos no solo puede agravar condiciones preexistentes, sino que también tiene el potencial de acelerar significativamente la progresión de la disfunción ventricular, lo que aumenta considerablemente el riesgo de complicaciones graves(8). Por esta razón, la implementación de estrategias de monitorización más sensibles y precisas, como el uso del trabajo miocárdico, podría resultar clave para una detección más temprana de la disfunción cardíaca. Además, podría ser fundamental para la optimización del tratamiento en estos pacientes, permitiendo una intervención más oportuna y adaptada a sus necesidades específicas.
Si bien el MW ha mostrado resultados prometedores y alentadores en la identificación precoz de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer su implementación clínica a gran escala aún enfrenta varios desafíos importantes, como la variabilidad interobservador y la necesidad urgente de establecer valores de referencia estandarizados y consistentes en diferentes poblaciones de pacientes oncológicos, que pueden variar en función de múltiples factores clínicos y demográficos(9). No obstante, con el continuo avance de la tecnología ecocardiográfica, junto con las mejoras en la reproducibilidad de las mediciones, esta técnica innovadora tiene un gran potencial para integrarse de manera efectiva y sistemática en los protocolos de monitorización cardiovascular en oncología. Esto podría permitir que el MW se convierta en una herramienta clave y fundamental para la prevención de la insuficiencia cardíaca y otras complicaciones cardiovasculares en pacientes con cáncer, mejorando así el manejo a largo plazo de estos pacientes.
Justificación
La detección temprana de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer ha impulsado el desarrollo y la implementación de técnicas avanzadas y de última generación en imagenología cardíaca, con el objetivo fundamental de identificar alteraciones subclínicas en la función miocárdica antes de que se produzcan cambios estructurales irreversibles que puedan comprometer gravemente la salud del paciente. En este contexto, el trabajo miocárdico ha emergido como una herramienta innovadora, prometedora y de gran potencial, ya que combina el análisis detallado del strain longitudinal global con la carga hemodinámica, ofreciendo así una evaluación mucho más precisa, completa y sensible en comparación con los parámetros tradicionales, tales como la fracción de eyección del ventrículo izquierdo y el propio GLS, que aunque útiles, tienen limitaciones para detectar disfunciones tempranas(5).
Numerosos estudios e investigaciones científicas han evidenciado de manera consistente que el MW proporciona una caracterización más precisa, detallada y completa de la función ventricular, y que posee un valor pronóstico significativo y relevante en diversas patologías cardiovasculares, incluyendo la enfermedad coronaria, la insuficiencia cardíaca y la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer, entre otras afecciones(2). En pacientes oncológicos, la incorporación del MW en la evaluación rutinaria de la función cardíaca podría contribuir de manera notable a una estratificación más personalizada del riesgo cardiovascular, facilitando la identificación temprana de aquellos individuos que presenten mayor susceptibilidad al desarrollo de disfunción miocárdica. Además, el uso sistemático de esta técnica permitiría optimizar de manera más eficiente las estrategias de cardioprotección, ajustando de forma precoz y adecuada el manejo terapéutico de acuerdo con la progresión de los cambios funcionales que se detecten en el corazón del paciente.
Diversas investigaciones científicas han reportado de manera consistente que una reducción significativa del MW se asocia estrechamente con un mayor riesgo de desarrollo de cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer, lo que refuerza aún más su aplicabilidad clínica en la monitorización y seguimiento de estos pacientes oncológicos(1). En este sentido, la capacidad única del MW para detectar alteraciones funcionales tempranas en la función miocárdica podría contribuir de manera decisiva a mejorar la toma de decisiones clínicas, permitiendo realizar ajustes oportunos y precisos en los esquemas terapéuticos de quimioterapia y otros tratamientos oncológicos. Esto, a su vez, ayudaría a reducir la incidencia de eventos cardiovasculares adversos a largo plazo, mejorando la calidad de vida y el pronóstico general de los pacientes afectados por la toxicidad cardíaca inducida por el tratamiento.
Fundamentos del trabajo miocárdico
El concepto de trabajo miocárdico se basa en la integración precisa de los parámetros de deformación miocárdica con la carga hemodinámica, lo que permite obtener una valoración más completa, rigurosa y fisiológicamente relevante de la función ventricular en su totalidad(5). Esta metodología innovadora fue inicialmente descrita en estudios experimentales realizados en modelos animales, lo que permitió explorar sus primeras aplicaciones en la investigación cardiovascular básica(10). Posteriormente, esta técnica fue validada en investigaciones clínicas de mayor envergadura, que demostraron su fuerte correlación con mediciones invasivas del metabolismo miocárdico, proporcionando una visión más profunda de la función cardíaca(5).
Uno de los avances más importantes en la implementación y aplicación clínica del MW ha sido el establecimiento de valores de referencia en poblaciones sanas, lo que ha permitido crear un marco de referencia más claro para su uso en diversas patologías. Estudios relevantes, como el de Manganaro et al(6), han definido rangos normativos del MW en individuos saludables, lo que ha facilitado su utilización en la evaluación de diferentes enfermedades cardiovasculares y ha aumentado su aplicabilidad clínica. En el contexto específico de la insuficiencia cardíaca, investigaciones como la de Vecera et al(11). han demostrado que el trabajo desperdiciado global (GWW, por sus siglas en inglés) constituye un marcador pronóstico importante, señalando una mala respuesta a la terapia de resincronización cardíaca (CRT, por sus siglas en inglés), lo que refuerza aún más la utilidad de este índice en la toma de decisiones terapéuticas clave.
En el ámbito emergente de la cardio-oncología, la caracterización detallada de los diferentes índices de MW, tales como el Índice global de trabajo, el trabajo constructivo global y la eficiencia global del trabajo (GWE, por sus siglas en inglés), ha permitido mejorar significativamente la identificación precoz de disfunción ventricular en pacientes sometidos a tratamientos cardiotóxicos. En particular, se ha señalado que una disminución significativa del GCW y del GWI podría reflejar el inicio de daño miocárdico subclínico, antes de que se produzcan cambios evidentes o clínicamente relevantes en la fracción de eyección del ventrículo izquierdo o en el strain longitudinal global(2), lo que posiciona al MW como una herramienta clave e indispensable en la prevención y manejo de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer y otros tratamientos oncológicos(1).
Trabajo miocárdico en enfermedades cardiovasculares
El trabajo miocárdico a través del MW ha sido ampliamente estudiado en diversas patologías cardiovasculares, demostrando su utilidad en la detección precoz de disfunción miocárdica y su valor pronóstico en múltiples escenarios clínicos:
- Síndrome coronario agudo sin elevación del ST (IAMSEST): Se ha observado que el MW es un parámetro más sensible que la fracción de eyección del ventrículo izquierdo para la identificación de isquemia miocárdica en pacientes con infarto sin elevación del segmento ST, permitiendo detectar alteraciones funcionales incluso en casos donde la FEVI permanece dentro de valores normales(12).
- Estenosis aórtica: En el contexto de la estenosis aórtica severa, el MW ha mostrado ser superior a la FEVI y al GLS para la evaluación de la disfunción ventricular en pacientes sometidos a reemplazo valvular aórtico transcatéter (TAVR, por sus siglas en inglés). Estudios han evidenciado que el análisis del MW proporciona información adicional sobre la contractilidad miocárdica, permitiendo una mejor estratificación del riesgo y la identificación de pacientes con mayor probabilidad de deterioro funcional tras el procedimiento(7).
- Miocardiopatía hipertrófica no obstructiva (MCHNO): En pacientes con miocardiopatía hipertrófica no obstructiva, el MW ha sido identificado como un predictor independiente de eventos cardiovasculares adversos, incluyendo el desarrollo de insuficiencia cardíaca y arritmias ventriculares malignas. Esto sugiere que el MW podría desempeñar un papel clave en la evaluación pronóstica y en la optimización del manejo clínico de esta patología(9).
- Amiloidosis cardíaca: En el contexto de enfermedades infiltrativas como la amiloidosis cardíaca, el MW ha demostrado ser un marcador pronóstico valioso, facilitando la estratificación del riesgo y la identificación de pacientes con mayor probabilidad de progresión a insuficiencia cardíaca avanzada(13).
Trabajo miocárdico en cardio-oncología
El uso del MW en cardio-oncología representa un avance significativo en la identificación temprana de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer. La evaluación prospectiva realizada por Vera Vaz Ferreira et al(2), constituye uno de los primeros estudios que analizaron la aplicabilidad del MW en pacientes oncológicos, específicamente en mujeres con cáncer de mama tratadas con antraciclinas y terapia anti-HER2. Sus hallazgos sugieren que los índices de MW pueden detectar alteraciones en la función ventricular antes de que se manifieste clínicamente una reducción de la FEVI, lo que subraya su potencial para la implementación de estrategias de cardioprotección temprana en estos pacientes.
Asimismo, documentos como el de Herrmann(1) han destacado la necesidad de establecer criterios más sensibles para la detección de CTRCD, debido a que los parámetros tradicionales como la FEVI y el GLS pueden no ser lo suficientemente precisos para identificar el daño miocárdico en etapas iniciales. Esto refuerza la relevancia del MW como una herramienta diagnóstica complementaria que podría mejorar la monitorización y el seguimiento de los pacientes sometidos a tratamientos oncológicos potencialmente cardiotóxicos.
Por lo tanto, el MW se perfila como una herramienta innovadora y de gran utilidad en la evaluación de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer. Su capacidad para detectar alteraciones funcionales en una fase subclínica, antes de que se manifiesten cambios evidentes en la fracción de eyección del ventrículo izquierdo, lo convierte en un método prometedor para la monitorización cardiovascular en pacientes sometidos a terapia oncológica(2).
La integración del MW en los protocolos de seguimiento cardio-oncológico podría representar un avance significativo en la práctica clínica, ya que permitiría una identificación más temprana de la CTRCD, facilitando la implementación oportuna de estrategias de cardioprotección. Esto no solo optimizaría la prevención del deterioro de la función ventricular, sino que también contribuiría a mejorar la calidad de vida y el pronóstico de los pacientes oncológicos a largo plazo(8).
Resumen del trabajo elegido
El estudio titulado Valor diagnóstico y pronóstico de los índices de trabajo miocárdico para la identificación de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer (Diagnostic and Prognostic Value of Myocardial Work Indices for Identification of Cancer Therapy–Related Cardiotoxicity) analiza en detalle el papel crucial de los índices de trabajo miocárdico en la detección precoz y en el pronóstico de la CTRCD. La cardiotoxicidad se ha convertido en una complicación cada vez más relevante y preocupante en pacientes oncológicos, particularmente en aquellos tratados con antraciclinas y terapias dirigidas como los inhibidores de HER2. Hasta el momento, la fracción de eyección del ventrículo izquierdo ha sido el principal y más común parámetro utilizado para la evaluación de la función cardíaca en estos pacientes; sin embargo, su utilidad clínica es bastante limitada, ya que las alteraciones en la FEVI suelen manifestarse solo cuando el daño miocárdico ya se encuentra en una fase avanzada y más difícil de revertir. En este sentido, en la tabla 1 se expone una comparativa detallada de los parámetros ecocardiográficos más utilizados en la detección de la CTRCD, lo que ayuda a contextualizar la importancia y ventajas de los índices de trabajo miocárdico frente a las herramientas tradicionales.
Parámetro |
Ventajas |
Limitaciones |
Utilidad en la detección de CTRCD |
| Fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) | Amplia disponibilidad y estandarización | Baja sensibilidad para detección temprana. Puede ser normal hasta etapas avanzadas de la cardiotoxicidad | Limitada en la identificación precoz del daño miocárdico. Principalmente útil para evaluar disfunción ya establecida |
| Strain longitudinal global (GLS) | Mayor sensibilidad que FEVI para detección temprana de disfunción miocárdica. Bien validado en cardio-oncología | Dependiente de la poscarga. Variabilidad según equipos y software de análisis | Detecta cardiotoxicidad antes que la reducción de FEVI. Se recomienda su uso en cardio-oncología |
| Trabajo miocárdico (MW) | Considera carga hemodinámica, reduciendo la influencia de la poscarga en el análisis. Identifica disfunción miocárdica antes de la reducción de GLS o FEVI | Menos extendido en la práctica clínica. Requiere speckle-tracking y mediciones precisas de presión arterial | Prometedor en la detección más precoz de cardiotoxicidad. Puede mejorar estratificación de riesgo y guiar estrategias de cardioprotección |
Tabla 1. Comparativa de Parámetros Ecocardiográficos en la Detección de CTRCD.
El trabajo miocárdico ha emergido como una técnica innovadora que integra la deformación miocárdica con la carga hemodinámica para proporcionar una evaluación más precisa y temprana de la función ventricular. Este enfoque, relativamente reciente, está diseñado para superar algunas de las limitaciones de las técnicas tradicionales como la fracción de eyección del ventrículo izquierdo y el strain longitudinal global. El estudio que se describe a continuación busca investigar si los índices de MW pueden superar las limitaciones del GLS y la FEVI en la identificación temprana de la cardiotoxicidad, un fenómeno frecuentemente observado en pacientes que reciben tratamiento oncológico, especialmente con quimioterapia que involucra fármacos como las antraciclinas.
Para llevar a cabo este análisis, se realizó un estudio en pacientes sometidos a tratamientos oncológicos, con un seguimiento ecocardiográfico en distintas fases del tratamiento. Este estudio se diseñó con el objetivo de evaluar la utilidad del MW como herramienta diagnóstica y su capacidad para detectar alteraciones en la función cardíaca antes de que los cambios en la FEVI o en el GLS sean clínicamente significativos. Durante el seguimiento, se evaluaron cuatro parámetros clave del MW:
- Índice global de trabajo (GWI, Global Work Index): Este índice evalúa la cantidad total de trabajo realizado por el miocardio durante el ciclo cardíaco.
- Trabajo Constructivo Global (GCW, Global Constructive Work): Este parámetro mide el trabajo efectivo realizado por el corazón para mantener la circulación sanguínea.
- Trabajo Desperdiciado Global (GWW, Global Wasted Work): Representa la cantidad de trabajo que no contribuye a la expulsión de sangre, y se considera un indicador de ineficiencia en la función miocárdica.
- Eficiencia Global del Trabajo (GWE, Global Work Efficiency): Este valor refleja la relación entre el trabajo constructivo y el trabajo total, proporcionando una medición directa de la eficiencia del miocardio.
Estos parámetros se compararon con los cambios en la FEVI y el GLS, con el objetivo de determinar si los índices de MW tienen una mayor capacidad para detectar disfunción miocárdica en fases subclínicas, es decir, antes de que se presenten alteraciones notables en otras métricas como la FEVI.
Resultados
Los hallazgos del estudio sugieren que los índices de MW son útiles para detectar alteraciones en la función miocárdica mucho antes de que se observe una reducción significativa de la FEVI. En particular, se encontraron las siguientes asociaciones importantes:
- Disminución en GCW y GWI: Ambas variables mostraron una relación significativa con una mayor incidencia de cardiotoxicidad relacionada con el tratamiento contra el cáncer. En otras palabras, una disminución temprana en estos índices predijo el desarrollo de disfunción ventricular en pacientes tratados con terapias quimioterapéuticas.
- Incremento en GWW: Un aumento en el trabajo desperdiciado se asoció con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares adversos, lo que sugiere que el trabajo ineficiente podría ser un precursor de complicaciones más graves en el futuro cercano.
- Capacidad predictiva del MW sobre el GLS: El análisis mostró que el MW tenía una mayor capacidad predictiva en la detección de la cardiotoxicidad en comparación con el GLS, especialmente en fases más tempranas del tratamiento.
Además, se detalló la metodología utilizada para la medición del MW. A diferencia del GLS, que únicamente evalúa la deformación miocárdica, el MW incorpora también la carga hemodinámica. Esto significa que no solo se tiene en cuenta cómo se deforma el corazón, sino también cómo las presiones internas del sistema circulatorio influyen en su desempeño. Este enfoque proporciona una valoración mucho más completa y precisa de la función ventricular bajo diferentes condiciones de presión arterial.
Para el cálculo de los índices de MW, se utilizaron imágenes de ecocardiografía speckle-tracking, una técnica no invasiva que permite evaluar la deformación del miocardio con gran precisión, junto con mediciones de la presión arterial. Esta combinación permitió la construcción de curvas presión-deformación, que son representaciones gráficas que reflejan la eficiencia mecánica del miocardio durante el ciclo cardíaco.
Variabilidad en la respuesta según el tratamiento oncológico
El análisis incluyó pacientes que recibieron distintos tipos de tratamientos oncológicos, lo que permitió evaluar la variabilidad en la respuesta cardíaca en función del régimen terapéutico empleado. Se observó que la toxicidad cardíaca no era uniforme y dependía de varios factores, como el tipo de medicamento utilizado y la dosis administrada. El estudio comparó los índices de MW con otros marcadores de cardiotoxicidad, como los biomarcadores cardíacos (troponina y NT-proBNP), con el objetivo de determinar su utilidad no solo en la detección, sino también en el seguimiento de la CTRCD.
Resultados adicionales y consideraciones clínicas
El estudio también aborda varios desafíos técnicos y clínicos en la obtención de los índices de MW. Uno de los principales factores a considerar es la influencia de la presión arterial en la medición de los índices. El trabajo miocárdico no solo depende de la función del corazón, sino también de las condiciones hemodinámicas que el mismo enfrenta. Esto significa que la medición de los índices de MW podría verse alterada por fluctuaciones en la presión arterial, lo que plantea la necesidad de controlarla cuidadosamente para obtener resultados confiables.
Además, se evaluó la reproducibilidad de la técnica, encontrando que los índices de MW son altamente reproducibles cuando son medidos por operadores experimentados, lo que respalda su posible integración en la práctica clínica rutinaria. Sin embargo, se hizo hincapié en la necesidad de estudios adicionales que validen estos hallazgos en cohortes más amplias y que evalúen su aplicabilidad en diferentes contextos clínicos.
El estudio también observó la relación entre los cambios en los índices de MW y la evolución clínica de los pacientes. En particular, se encontró que aquellos pacientes que experimentaron una disminución significativa en el GWI y el GCW tenían una mayor probabilidad de desarrollar CTRCD en los meses posteriores al tratamiento oncológico. Este hallazgo sugiere que la monitorización regular de estos parámetros podría ser una herramienta útil para identificar a los pacientes en riesgo y, en consecuencia, permitir ajustes tempranos en su tratamiento o un seguimiento más intensivo.
Comparación con otros métodos de imagen
El estudio también comparó la capacidad de los índices de MW con otros métodos de imagen, como la resonancia magnética cardíaca, que sigue siendo el método de referencia en la caracterización tisular y la evaluación precisa de la función ventricular. Si bien la resonancia magnética cardíaca ofrece una evaluación detallada de la estructura y función del corazón, la ecocardiografía con MW presenta varias ventajas significativas:
- Mayor accesibilidad y menor costo: La ecocardiografía es más accesible y menos costosa en comparación con la resonancia magnética cardíaca, lo que la hace más adecuada para un seguimiento frecuente y en entornos clínicos con recursos limitados.
- Monitorización seriada sin contraste ni radiación ionizante: La ecocardiografía permite realizar monitoreos repetidos sin necesidad de contrastes o radiación, lo cual es ideal para pacientes que requieren evaluaciones periódicas, como aquellos sometidos a tratamientos oncológicos.
- Aplicabilidad en la práctica clínica rutinaria: La ecocardiografía con MW es más fácilmente aplicable en la práctica clínica diaria, facilitando su uso en el seguimiento de pacientes oncológicos sin la necesidad de equipos especializados o procedimientos invasivos.
Diferenciación según el tipo de tratamiento oncológico
El análisis también mostró que los pacientes tratados con antraciclinas presentaron una disminución más pronunciada en los índices de MW en comparación con aquellos tratados con inhibidores de HER2. Esto sugiere que los índices de MW podrían ser útiles para diferenciar los efectos específicos de diferentes tratamientos sobre la función miocárdica, lo que permitiría adaptar estrategias de cardioprotección de manera más personalizada.
Conclusión
Finalmente, el estudio sugiere que los índices de MW podrían tener un papel crucial en la monitorización temprana de la cardiotoxicidad relacionada con el tratamiento oncológico. Aunque los resultados son prometedores, se subraya la importancia de realizar estudios multicéntricos que validen estos hallazgos en cohortes más grandes y que establezcan valores de referencia específicos. Además, se plantea la necesidad de incluir los índices de MW en las guías de práctica clínica para la monitorización de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer. Con una mayor validación, estos índices podrían convertirse en una herramienta esencial para la detección precoz y el manejo de la cardiotoxicidad en pacientes oncológicos.
Discusión
El presente estudio aporta nueva y valiosa evidencia sobre la utilidad de los índices de MW en la detección y predicción temprana de la cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer. Tradicionalmente, la fracción de eyección del ventrículo izquierdo ha sido el parámetro más utilizado y aceptado en la monitorización de pacientes oncológicos, sin embargo, su reducción suele ocurrir cuando el daño miocárdico ya se encuentra en una etapa avanzada, lo que limita considerablemente su capacidad para detectar los primeros signos de alteración en la función cardíaca. En este contexto, el trabajo miocárdico emerge como una herramienta innovadora y prometedora que podría superar eficazmente estas limitaciones, al integrar de manera precisa la deformación miocárdica con la carga hemodinámica, permitiendo así una evaluación mucho más detallada y precisa de la función ventricular desde etapas más tempranas del tratamiento(5,6).
Principales hallazgos y su interpretación
Los resultados del estudio muestran de manera clara que los índices de MW, particularmente el Índice global de trabajo y el trabajo constructivo global, son capaces de detectar disfunción miocárdica en fases tempranas, antes de que se manifieste una reducción significativa en la fracción de eyección del ventrículo izquierdo. Estos hallazgos refuerzan la idea de que la evaluación funcional del miocardio no debe basarse únicamente en la FEVI, sino que debe incluir parámetros adicionales que integren la carga hemodinámica, como el MW, que proporciona una visión más detallada y precisa de la función ventricular(7). Estudios previos han demostrado que el GLS mejora la detección precoz de la cardiotoxicidad en comparación con la FEVI, pero su dependencia de la poscarga limita su aplicabilidad en ciertos contextos clínicos, especialmente cuando la poscarga varía considerablemente entre los pacientes(12). En este sentido, el MW aporta información complementaria al considerar de manera integral la carga hemodinámica, proporcionando una medición más precisa y fiable del esfuerzo miocárdico, lo que facilita la identificación temprana de cambios patológicos en el corazón(10). La comparación de estos resultados con estudios previos sugiere que la combinación de MW con GLS podría mejorar significativamente la monitorización de los pacientes en riesgo de desarrollar CTRCD, permitiendo una evaluación más exhaustiva y precoz.
Los hallazgos del estudio también indican que una disminución en los valores de GCW y GWI está estrechamente relacionada con la aparición de CTRCD, mientras que un aumento en el trabajo desperdiciado global se asocia con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares adversos, lo que refuerza aún más la importancia del MW en el pronóstico de la salud cardiovascular. Esto sugiere que el MW no solo permite detectar la cardiotoxicidad en sus etapas iniciales, sino que también podría utilizarse para estratificar el riesgo de complicaciones a largo plazo, brindando información crucial para guiar el tratamiento y la prevención. Se ha observado que la progresión del deterioro de los índices de MW predice con precisión la aparición de insuficiencia cardíaca en pacientes expuestos a terapias oncológicas, reforzando su utilidad en la práctica clínica y en la toma de decisiones terapéuticas(9).
Un aspecto clave y relevante del estudio es la comparación del MW con otras técnicas de imagen más avanzadas, como la resonancia magnética nuclear (RMN) cardiaca. Si bien la RMN cardiaca sigue siendo el método de referencia para la caracterización tisular y la evaluación precisa de la función ventricular, la ecocardiografía con MW ofrece ventajas significativas en términos de accesibilidad, menor costo y la posibilidad de realizar monitorización seriada de manera más sencilla, sin la necesidad de contrastes o radiación ionizante. Estas características hacen que el MW sea una herramienta particularmente útil en el seguimiento a largo plazo de pacientes oncológicos, lo que podría contribuir a mejorar su calidad de vida y su pronóstico general(13).
Fortalezas del estudio
- Evaluación integral de la función miocárdica: La incorporación de MW permite una valoración más precisa del desempeño del ventrículo izquierdo.
- Monitorización en distintas fases del tratamiento: Se analizaron cambios en la función miocárdica en diferentes momentos del tratamiento oncológico, proporcionando una visión dinámica de la cardiotoxicidad.
Limitaciones del estudio
Si bien los hallazgos del trabajo son prometedores, existen múltiples limitaciones que deben ser tomadas en cuenta, entre las mas importantes destacan:
- Tamaño muestral: La población del estudio podría no ser suficientemente representativa para generalizar los hallazgos a todos los pacientes oncológicos.
- Tiempo de seguimiento: Se requiere un seguimiento más prolongado para determinar si los cambios en MW se correlacionan con eventos cardiovasculares mayores.
- Variabilidad en la presión arterial: Dado que MW incorpora carga hemodinámica, otros factores como estados de hipo o hipervolemia, valvulopatías como la estenosis aórtica y otras condiciones deben considerarse al interpretar los resultados.
- Reproducibilidad y variabilidad interobservador: Aunque el análisis de MW mostró buena reproducibilidad cuando fue realizado por operadores experimentados, su aplicación generalizada probablemente requiere capacitación específica.
Implicaciones clínicas y futuras direcciones
El uso de MW podría permitir una estratificación del riesgo más precisa en pacientes sometidos a tratamiento oncológico, facilitando intervenciones tempranas para prevenir la progresión de la cardiotoxicidad. La combinación de MW con biomarcadores cardíacos, como la troponina y el NT-proBNP, podría mejorar aún más la detección de daño miocárdico subclínico y permitir una monitorización más personalizada.
Futuros estudios deberán centrarse en validar estos hallazgos en cohortes más amplias y establecer puntos de corte específicos para la aplicación clínica de MW en cardio-oncología. Además, sería relevante explorar la utilidad de MW en otros contextos clínicos, como la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada o enfermedades infiltrativas del miocardio.
Finalmente, la integración de MW en los protocolos de cardio-oncología podría facilitar la toma de decisiones clínicas, optimizando la selección de pacientes para estrategias de cardioprotección y permitiendo ajustes terapéuticos según la evolución de la función miocárdica.
Conclusión
El trabajo miocárdico permite detectar la cardiotoxicidad de forma más temprana y precisa que los métodos tradicionales, lo que puede mejorar significativamente la monitorización y el pronóstico en pacientes oncológicos.
Abreviaturas
- CTRCD: Cardiotoxicidad relacionada con la terapia contra el cáncer (Cancer Therapy–Related Cardiac Dysfunction)
- DVI: Disfunción ventricular izquierda
- FEVI: Fracción de eyección del ventrículo izquierdo
- MW: Trabajo miocárdico (Myocardial Work)
- GLS: Strain longitudinal global (Global Longitudinal Strain)
- GWI: Índice global de trabajo (Global Work Index)
- GCW: Trabajo constructivo global (Global Constructive Work)
- GWW: Trabajo desperdiciado global (Global Wasted Work)
- GWE: Eficiencia global del trabajo (Global Work Efficiency)
- IAMSEST: Infarto agudo de miocardio sin elevación del ST
- MCHNO: Miocardiopatía hipertrófica no obstructiva
- CRT: Terapia de resincronización cardíaca
- TAVR: Reemplazo valvular aórtico transcatéter (Transcatheter Aortic Valve Replacement)
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